5 nov. 2007

# 015. Lo cortés y lo valiente


Se precipitan las discusiones y los acontecimientos sobre la conveniencia o no de adoptar determinadas decisiones de importancia vital para el futuro de la ciudad. Ahora toca preguntarse y negociar por el destino del extenso solar de lo que fue el ‘cuartel de los soldaos’.
A unos y a otros se les llena la boca hablando de cultura, y parece que de repente esta ciudad no pueda vivir sin pensar en ella, sin ser más capital cultural que ninguna, percibiéndose también una imperiosa necesidad de fomentar el turismo como la esperanza económica de la capital de Extremadura, cuestión que requeriría un debate aparte.
Pero este interés cultural repentino nos delata. Y nos delata porque los argumentos sobre la materia prima que manejamos para crear esos forzados museos con los que nos llenamos la boca cultural, es de segunda categoría, no apta para museos con el atractivo necesario para atraer a un público medianamente culto, a un turismo de calidad, que es a lo que Mérida debería aspirar.
El interés del turista radica en lo que somos y en lo que tenemos, no precisamente en lo que montemos artificialmente para atraerlo; ese turismo interesado en el reclamo falso, en el cartón piedra, es el de la calderilla, el que quema todo aquello por dónde pasa.
El interés fundamental del visitante de Mérida reside en el yacimiento arqueológico, que es, precisamente, lo que nos distingue en el mercado turístico internacional. Si realmente queremos atraer visitantes, hay que seguir potenciando esa cuestión diferencial, especializando nuestra oferta, concentrando esfuerzos y no perdiendo energías y dinero en desarrollar otras vías de dudosa eficacia y calidad cultural. Todo lo que no sirve para nosotros tampoco sirve para el visitante. ¿Qué interés ha supuesto para los ciudadanos la colección prehistórica o el museo del ferrocarril? ¿Qué interés tiene la figura de Ávalos en el mundo del arte? ¿No sería más lógico, más proporcionado, convertir la vivienda-taller de Rafael Ortega —que la Junta de Extremadura le regaló— en Casa-Museo?
Sumemos al reclamo del yacimiento arqueológico, el poder de atracción del Festival de Teatro Clásico y tendremos un paquete cultural y turístico irresistible.
Pero estas dos joyas es necesario pulirlas y adecentarlas para que luzcan en todo su esplendor y convertirlas en el principal discurso para vender la ciudad en el exterior.
La construcción del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR) supuso un revulsivo para dar a conocer Mérida en todo el mundo y fue una iniciativa pionera de lo que actualmente es una estrategia habitual de muchas ciudades: proyectar grandes edificios que asumen el papel de reclamos publicitarios, véase: Bilbao-Museo
Guggenheim, Barcelona-Torre Agbar, etc.
Pero el MNAR, con ser un contenedor excepcional y único para la colección romana, tiene una capacidad expositiva concreta y a veces inapropiada para determinados materiales “pobres”, museísticamente hablando, y para determinados proyectos que se apartan de su cometido.
Con estos antecedentes, y con un solar como el Hernán Cortés, es posible adivinar propuestas que tendrían cabida en dicho espacio. Ésta es la mía:
1. Levantar un edificio singular en el solar del antiguo cuartel, que por su ambición y su calidad arquitectónica dialogue de tú a tú con el MNAR, con el futuro Museo de Arte Visigodo, y con los propios monumentos.
2. Crear para dicho edificio:
-El Museo Arqueológico de Mérida, desde el que elaborar un discurso expositivo que muestre la vida y riqueza de un yacimiento — que muy pronto cumplirá cien años— en permanente actividad, un yacimiento que participa y modifica la vida cotidiana de los propios habitantes.
-El Museo y Centro de Interpretación del Festival de Teatro Clásico, para mostrar durante todo el año el goce que significa disfrutar, en las noches de verano, de un Teatro Romano funcionando a tope, como hace más de dos mil años, y de cómo se repite dicha experiencia contemporánea desde hace setenta y cinco.
-Una gran sala de exposiciones temporales —no existe ninguna en la ciudad que pueda recibir dicho apelativo—, con una programación propia y con el nivel necesario para participar en los circuitos expositivos nacionales, tanto importando como exportando proyectos.
3. Alojar en el edificio las sedes de las dos instituciones que están íntimamente ligadas al yacimiento —ambas ubicadas actualmente en edificios inapropiados—: el Consorcio de la Ciudad Monumental, como gestor, conservador y revalorizador del yacimiento, y el Festival de Teatro Clásico, como pieza fundamental en la difusión del mismo, de la ciudad y de Extremadura.
Un centro, en definitiva, para el encuentro entre ciudadanos, de fuera y de dentro, lleno de vida cultural y desde el que difundir —promoviendo y asumiendo— productos culturales, proyectos expositivos, reuniones científicas, eventos artísticos, etc.
Si logramos pensar sin complejos, sin prejuicios, conseguiremos equilibrar e integrar lo cultural con lo comercial, porque el empuje que pueda poseer un buen centro comercial ubicado en el mismo área, sólo hará reforzar la majestuosidad del vecino espacio cultural (cosa que no sucedería de existir un surtido de museínos insignificantes), convirtiéndose todo el espacio en una zona para la confluencia entre habitantes y visitantes, unos procedentes de la zona comercial ya existente —Santa Eulalia, aledaños y Rambla— y los otros que vendrían de la zona arqueológica próxima —Teatro, Anfiteatro y MNAR—, ambos focos fundamentales de la vida emeritense.
Pero, sobre todo, sería un símbolo, el pistoletazo de salida del renacimiento de la ciudad, una prueba de que nos tomamos en serio lo de ser capital y lo que ello conlleva, y que por fin miramos un poco mas allá.
Es el momento de un nuevo impulso, ni podemos vivir de la inercia del turismo que nos toque en suerte, ni de las migajas de la capitalidad administrativa. Hay que proyectar un futuro a lo grande, con la participación, la complicidad y el entusiasmo de todos, y, cuando digo todos, me refiero a todos los extremeños. Extremadura necesita una capital que sea una referencia clara, fuerte, y la industria cultural es una apuesta muy interesante para esa esperanza de futuro.
Evitemos la precipitación ante la presión de los acontecimientos y meditemos seriamente la decisión, incluso contemplando la ejecución del proyecto en distintas fases: una inicial para la parte comercial y otra posterior para la cultural, de manera que ganemos el tiempo necesario para un estudio preciso de lo que conviene hacer.
Quizás lo cortés sea el reconocimiento personalizado de los valores de nuestros ilustres artistas, pero lo valiente es lograr que la grandeza de la ciudad, y su reconocimiento externo, sea la consecuencia de la suma, del consenso, del esfuerzo de la convivencia, de la generosidad y la inteligencia de todos.
Y, ya se sabe, lo cortés no quita lo valiente.