23 jul. 2007

# 008


Cuando asomo las narices al mundo desde esta atalaya apacible y tranquila que es Extremadura, el mundo me devuelve fragancias insospechadas.
Enfrascados en una de las tantas discusiones sobre aspectos cotidianos que mi padre y sus colegas entablaban sobre lo divino y lo humano, le escuché una vez cierta respuesta en forma de pregunta a propósito de esa necesidad vital de viajar incansablemente que los jubilados han descubierto recientemente: ¿qué diferencia hay entre un volcán y un rastrojo ardiendo?
Y es que conozco a mucha gente que ha recorrido medio mundo y, sin embargo, da la sensación de que no ha salido jamás de su pueblo. Y conozco a otras, que sin haber pisado suelo ajeno, poseen un universo personal cargado de valores y experiencias capaces de sonrojar a cualquier expedición con exótico destino.
Hasta hace no mucho tiempo —¿qué son treinta años?—, hacer el servicio militar suponía una experiencia en la que para gran parte de los reclutas era su primera salida del pueblo, del hogar familiar, del plato de la madre y de las sábanas de su cuarto.
Ello conllevaba experiencias enriquecedoras o traumáticas, pero siempre experiencias vitales importantes.
Hoy nuestros retoños van de una parte del mundo a otra en el plis plas que le permite la visa de papá y el mundo se les está quedando pequeño, la plaza mayor del planeta está llena de personal ensimismado que se pregunta por la existencia de un "jardín de mitos" que posiblemente han quedado atrás y al que resulta muy difícil volver, el telar infatigable de fabricar dependientes —por decirlo suavemente— les ha atrapado de manera inexorable, el personaje —que explicaba José Monleón el viernes en el Museo— ha absorvido a la persona y está inexorablemente abocado a seguir el papel impuesto.
En este punto es cuando comprendo la pregunta de mi padre; ya puedes recorrer el mundo, contemplar mil volcanes que si tu mirada y tu conocimiento, no están preparados para ello, te causarán el mismo efecto que el rastrojo que se quema a las puertas de tu casa que, por el contrario, enriquece, y deslumbra a ese vecino silencioso y discreto que contempla boquiabierto el hilillo de fuego de los surcos del rastrojo ardiendo.

9 jul. 2007

Centro Cultural Abierto

Cuando en el año 2001 la Asociación de Comerciantes de Mérida me encargó la elaboración de su página web, trabajé sobre la idea de presentar al comercio de la ciudad como un gran centro comercial con el atractivo del que muy pocos centros similares del mundo pueden disfrutar: el Conjunto Monumental declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, que se desparrama entre las calles y comercios del centro histórico de Mérida.
Mi pretensión no pasaba de crear dicho concepto en el mundo virtual, pero la Asociación de Comerciantes comprobó que dicha idea estaba funcionando en el mundo real y que podía aplicarse en Mérida. Su empeño llegó a las instituciones y ya comienza a ser realidad en diversas poblaciones de Extremadura.
Hoy quiero plantear la extensión de dicho concepto al mundo de la cultura porque creo que puede ser una alternativa real para la promoción de la actividad cultural y para la cohesión de las experiencias que día a día brotan y desaparecen por no encontrar una red en la que integrarse y fortalecerse.
El fomento de la actividad cultural debe traspasar el ámbito institucional y adentrarse en la experiencia cotidiana, en el mercado cultural, con la misma naturalidad que lo hacen las iniciativas en otros campos de la actividad económica.
Las instituciones tienen que darse cuenta de que igual que apoyan la creación de riqueza sin intervenir directamente en las actividades que la generan, a la cultura han de tratarla con la misma perspectiva.
Si es necesario intervenir en determinadas parcelas en las que la iniciativa privada no puede hacerlo, bien por su dimensión, bien por sus peculiaridades, estas intervenciones deben sostenerse como modelos de comportamiento —no como competencia— que refuercen el entorno cultural y que sirvan como referentes y reclamos para que las iniciativas surgidas a su amparo consoliden esfuerzos y generen sinergias que redunden en una sociedad más fuerte culturalmente y, como tal, más feliz, porque la experiencia de sobrevivir desde lo cultural genera más satisfacciones que la mera supervivencia; la experiencia del conocimiento, de la emoción, sumada a la generación de riqueza, engendra pueblos con una madurez inequívoca, la mera generación de riqueza da como resultado sociedades de nuevos ricos, repletas de trastos, pero vacías de contenidos.
¿Qué es o qué puede ser el Centro Cultural Abierto? Ni más ni menos que el empeño por organizarse de todos los que viven la cultura y quieren sobrevivir de o junto a ella. Llámese movimiento ciudadano, asociación, fundación, club, etc. Cualquier denominación puede ser válida y todos los esfuerzos serán pocos para conseguir formalizarlo.
¿Quiénes pueden formar parte de este movimiento? Son muchas más de las que podemos imaginar en principio las personas que tienen relación con la cultura, porque lo cultural se extiende y se ramifica por todo el entramado social.
¿Dónde? Sirva como punto de partida, como lugar de encuentro, este sitio web: www.culturafutura.es
“...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”. (UNESCO, 1982: Declaración de México)"

# 008


Se llama Emma y lo supe por casualidad, pero no era necesario. No necesitaba ningún dato para comprender a esta mujer que sobre el escenario, con su violín, con su grupo Beltayne, en el Jazz Bar, transmite sin apenas esfuerzo, con la mayor naturalidad, todo lo que almacena en sus adentros, que debe ser mucho y muy interesante. Que el violín sea el instrumento podría ser una anecdota; su riqueza estaba presidida por una madurez impregnada de arte.
Viéndola y escuchándola me preguntaba las causas por las que la sociedad actual está presidida por tanto énfasis juvenil empalagoso.
Los designios económicos mundiales, la tan repetida globalización, carece de perspectiva temporal; pasado, presente y futuro son la misma cosa, son ellos y sus intereses económicos, y es evidente que desterrar de la faz del globo el conocimiento, la sabiduría y la resistencia de la experiencia, son sus principales objetivos.
Cuando los intereses eran las conquistas ideológicas -la política‑, promovían la rebelión en las aulas, ahora que capitales y mercancías transitan de norte a sur, de oriente a ocidente, quieren jóvenes atolondrados, enfermos de bienestar, adultos empeñados hasta los ojos y ancianos enfermos de soledad, consumidores anónimos en definitiva que se alimentan de su propia ignorancia.
Enma abandonó su tierra, Inglaterra, para venir a vivir a una aldea de Cáceres a recuperar, posiblemente, una paz hipotecada en vivencias que conducen a nada.
Enma ha venido a dejar entre nosotros todo lo mejor de su experiencia, todo lo que la madurez acumula y que interesa tan poco a las grandes corporaciones, a los nuevos gobiernos.
Gracias, Emma.