5 nov. 2007

# 015. Lo cortés y lo valiente


Se precipitan las discusiones y los acontecimientos sobre la conveniencia o no de adoptar determinadas decisiones de importancia vital para el futuro de la ciudad. Ahora toca preguntarse y negociar por el destino del extenso solar de lo que fue el ‘cuartel de los soldaos’.
A unos y a otros se les llena la boca hablando de cultura, y parece que de repente esta ciudad no pueda vivir sin pensar en ella, sin ser más capital cultural que ninguna, percibiéndose también una imperiosa necesidad de fomentar el turismo como la esperanza económica de la capital de Extremadura, cuestión que requeriría un debate aparte.
Pero este interés cultural repentino nos delata. Y nos delata porque los argumentos sobre la materia prima que manejamos para crear esos forzados museos con los que nos llenamos la boca cultural, es de segunda categoría, no apta para museos con el atractivo necesario para atraer a un público medianamente culto, a un turismo de calidad, que es a lo que Mérida debería aspirar.
El interés del turista radica en lo que somos y en lo que tenemos, no precisamente en lo que montemos artificialmente para atraerlo; ese turismo interesado en el reclamo falso, en el cartón piedra, es el de la calderilla, el que quema todo aquello por dónde pasa.
El interés fundamental del visitante de Mérida reside en el yacimiento arqueológico, que es, precisamente, lo que nos distingue en el mercado turístico internacional. Si realmente queremos atraer visitantes, hay que seguir potenciando esa cuestión diferencial, especializando nuestra oferta, concentrando esfuerzos y no perdiendo energías y dinero en desarrollar otras vías de dudosa eficacia y calidad cultural. Todo lo que no sirve para nosotros tampoco sirve para el visitante. ¿Qué interés ha supuesto para los ciudadanos la colección prehistórica o el museo del ferrocarril? ¿Qué interés tiene la figura de Ávalos en el mundo del arte? ¿No sería más lógico, más proporcionado, convertir la vivienda-taller de Rafael Ortega —que la Junta de Extremadura le regaló— en Casa-Museo?
Sumemos al reclamo del yacimiento arqueológico, el poder de atracción del Festival de Teatro Clásico y tendremos un paquete cultural y turístico irresistible.
Pero estas dos joyas es necesario pulirlas y adecentarlas para que luzcan en todo su esplendor y convertirlas en el principal discurso para vender la ciudad en el exterior.
La construcción del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR) supuso un revulsivo para dar a conocer Mérida en todo el mundo y fue una iniciativa pionera de lo que actualmente es una estrategia habitual de muchas ciudades: proyectar grandes edificios que asumen el papel de reclamos publicitarios, véase: Bilbao-Museo
Guggenheim, Barcelona-Torre Agbar, etc.
Pero el MNAR, con ser un contenedor excepcional y único para la colección romana, tiene una capacidad expositiva concreta y a veces inapropiada para determinados materiales “pobres”, museísticamente hablando, y para determinados proyectos que se apartan de su cometido.
Con estos antecedentes, y con un solar como el Hernán Cortés, es posible adivinar propuestas que tendrían cabida en dicho espacio. Ésta es la mía:
1. Levantar un edificio singular en el solar del antiguo cuartel, que por su ambición y su calidad arquitectónica dialogue de tú a tú con el MNAR, con el futuro Museo de Arte Visigodo, y con los propios monumentos.
2. Crear para dicho edificio:
-El Museo Arqueológico de Mérida, desde el que elaborar un discurso expositivo que muestre la vida y riqueza de un yacimiento — que muy pronto cumplirá cien años— en permanente actividad, un yacimiento que participa y modifica la vida cotidiana de los propios habitantes.
-El Museo y Centro de Interpretación del Festival de Teatro Clásico, para mostrar durante todo el año el goce que significa disfrutar, en las noches de verano, de un Teatro Romano funcionando a tope, como hace más de dos mil años, y de cómo se repite dicha experiencia contemporánea desde hace setenta y cinco.
-Una gran sala de exposiciones temporales —no existe ninguna en la ciudad que pueda recibir dicho apelativo—, con una programación propia y con el nivel necesario para participar en los circuitos expositivos nacionales, tanto importando como exportando proyectos.
3. Alojar en el edificio las sedes de las dos instituciones que están íntimamente ligadas al yacimiento —ambas ubicadas actualmente en edificios inapropiados—: el Consorcio de la Ciudad Monumental, como gestor, conservador y revalorizador del yacimiento, y el Festival de Teatro Clásico, como pieza fundamental en la difusión del mismo, de la ciudad y de Extremadura.
Un centro, en definitiva, para el encuentro entre ciudadanos, de fuera y de dentro, lleno de vida cultural y desde el que difundir —promoviendo y asumiendo— productos culturales, proyectos expositivos, reuniones científicas, eventos artísticos, etc.
Si logramos pensar sin complejos, sin prejuicios, conseguiremos equilibrar e integrar lo cultural con lo comercial, porque el empuje que pueda poseer un buen centro comercial ubicado en el mismo área, sólo hará reforzar la majestuosidad del vecino espacio cultural (cosa que no sucedería de existir un surtido de museínos insignificantes), convirtiéndose todo el espacio en una zona para la confluencia entre habitantes y visitantes, unos procedentes de la zona comercial ya existente —Santa Eulalia, aledaños y Rambla— y los otros que vendrían de la zona arqueológica próxima —Teatro, Anfiteatro y MNAR—, ambos focos fundamentales de la vida emeritense.
Pero, sobre todo, sería un símbolo, el pistoletazo de salida del renacimiento de la ciudad, una prueba de que nos tomamos en serio lo de ser capital y lo que ello conlleva, y que por fin miramos un poco mas allá.
Es el momento de un nuevo impulso, ni podemos vivir de la inercia del turismo que nos toque en suerte, ni de las migajas de la capitalidad administrativa. Hay que proyectar un futuro a lo grande, con la participación, la complicidad y el entusiasmo de todos, y, cuando digo todos, me refiero a todos los extremeños. Extremadura necesita una capital que sea una referencia clara, fuerte, y la industria cultural es una apuesta muy interesante para esa esperanza de futuro.
Evitemos la precipitación ante la presión de los acontecimientos y meditemos seriamente la decisión, incluso contemplando la ejecución del proyecto en distintas fases: una inicial para la parte comercial y otra posterior para la cultural, de manera que ganemos el tiempo necesario para un estudio preciso de lo que conviene hacer.
Quizás lo cortés sea el reconocimiento personalizado de los valores de nuestros ilustres artistas, pero lo valiente es lograr que la grandeza de la ciudad, y su reconocimiento externo, sea la consecuencia de la suma, del consenso, del esfuerzo de la convivencia, de la generosidad y la inteligencia de todos.
Y, ya se sabe, lo cortés no quita lo valiente.

22 oct. 2007

# 014


El alcalde, Ángel Calle, no pudo resistirse ante la insultante presencia de una inocente bolsa de gusanitos que interrumpía la mirada en medio de una sala de exposiciones impoluta, y ante a una comitiva que desvió la atención hacia otros asuntos.
No había prensa alguna en esos momentos, así que el acto le salió de sus adentros y, a pesar de ir acompañado de relevantes cargos políticos estatales y autonómicos, no le tembló el pulso en agacharse y recorrer la distancia que separa la mirada del suelo.
Este "joven profesor" que tenemos por alcalde es un "viejo zorro" –en el mejor de los sentidos— de la política, y su larga espera hasta conseguir la Alcaldía supongo que le habrá servido para desarrollar un estilo de gobernar que encaje con su personalidad, que trascienda el constante mimetismo con el que afrontan los administradores la forma de hacer las cosas, reflejarse en lo ya hecho, reproducir una política en serie, distanciando cada vez más los rasgos distintivos de los pueblos para convertir lo diferencial en global, en anodino.
Su decisiva apuesta por la mujer en las tareas de gobierno no parece consecuencia de asuntos de paridad y puede que sea una señal de esa esperanza de singularidad. Por número y por peso específico de las tareas encomendadas, la superioridad femenina es muy significativa.
Y esto me gusta: un alcalde, un hombre, que apuesta tan claramente por el buen hacer femenino, tiene que ser alguien inteligente y con una visión personal de la realidad.
Casi en silencio, el tesón, la fuerza y la sensibilidad de las mujeres han mantenido en pie a los pueblos, especialmente en los tiempos de crisis. Situadas al frente o en la retaguardia, ellas, las reinas de este hormiguero, han marcado siempre el compás con el que los engreídos zánganos desfilan ante su mirada.
Y este alcalde —licenciado en Historia— lo sabe, sabe que la historia es y será eternamente femenina.

15 oct. 2007

# 013


El alba, contemplada desde una habitación de hospital, desde cualquier hospital del mundo, sabe a vida nueva, a esperanza, después de una interminable noche de vigilia e incomodidades junto al familiar enfermo.
El alba nos devuelve al mundo y este se nos antoja espléndido, generoso, hasta hermoso.
Pero al alba le siguen las horas y las luces duras del mediodía, las horas de las chicharras, la lentitud de la tarde que poco a poco anuncia la llegada del crepúsculo. Y de nuevo la noche que vuelve para llenar de negro la espera, la reflexión, el sarcasmo de las habas que se cuecen en todas las familias, a fuego lento, con la parsimonia del rencor acumulado, amenazante, intransigente e interesado.
Y en el útero negro de la espera del nuevo alba te preguntas mil veces por el sentido de las cosas, por la verdad de lo que parece fraterno y sólo es ficción interminable, cínica personalización esperpéntica de un cariño sin estreno.
Desde los medios de este ruedo, negro e inmenso, citas al toro de los sentimientos para que ahonde con sus pitones en las heridas que dejaste al descubierto.
El alba vuelve a limpiar el sudor espeso, las lágrimas cristalizadas que la noche dejó caer sobre los silencios en los que se envuelve la compañía del familiar enfermo, de la viejita, que desea un rincón de cariño y tranquilidad, alguien que le sujete el amor de su mano abierta y le haga agradable la última espera. Pero la ingratitud se apodera de las respuestas, el egoísmo apaga todas las luces del alba y convierten dicha espera en un infierno lento.
Así las cosas, uno tiene que cerrar los ojos, abrir el corazón, agarrarse fuerte las entrañas y apostar por el amor para poder dormir la espera sin pesadillas de egoismos ciegos e inútiles, sin el remordimiento de los besos que nunca distes a tiempo.

8 oct. 2007

# 012


El desahucio de las palomas', “buena película”, que diría mi amigo Simón.
Repasando la secuencia de fotografías que documenta la demolición de la antigua factoría de Carcesa, observo gran cantidad de puntos oscuros que supongo manchas de polvo en el sensor de la cámara –todavía la tecnología sólo es pulcra en las entrañas de los sofisticados laboratorios–
Aumento la imagen para retocar dichas manchas y descubro que son cientos o miles, pero no se tratan de puntos sino de palomas que huyen asustadas por la explosión y la polvareda.
Nadie les avisó de lo que se les venía encima, de lo que se les desplomaba bajo el vuelo. Ningún juez entregó orden alguna. Nadie pensó en un hogar alternativo, paga o subvención que les aliviara del problema de quedarse en la calle, en pleno firmamento, sobrevolando los futuros lujosos adosados.
Y es que a las palomas de los sueños les cortan las alas desde bien jóvenes para que sólo los recuerdos adquieran sentido cuando se observen desde lo alto o en la lejanía, desde la distancia del tiempo imposible.
De entre tantas palomas, sólo una destaca en este ‘11-S’ doméstico y salvaje de destruir todo rastro de lo que fue, en favor de las nuevas formas de seguir haciendo lo mismo, de continuar con la costumbre inamovible de que sólo los pudientes o los míseros tengan la capacidad de conservar en pie las referencias que les advierten de su condición, de sus emociones almacenadas, unos para el disfrute y los demás para la desesperación.
En medio, la zona cero de la clase media que enriquece a los unos y mantiene la imposibilidad de los otros con su labor de hormigas silenciosas, de amodorradas cigarras sin canción aparente.
Por eso, las palomas están perdidas ante la descomunal polvareda de desconciertos que a diario se levanta en cualquier rincón desafortunado de la existencia. Por eso, esta solitaria paloma cruzará océanos y mares para depositar el mensaje que dejó olvidado alguien entre los escombros de la vieja factoría. Por eso, sólo por eso.

24 sept. 2007

# 011


Trecenario de Santa Eulalia. Lunes día 17 de septiembre, 20,45 h. El templo de Santa Eulalia está rebosando de gente. Nada extraordinario, aparentemente, si no fuera porque el noventa y nueve por ciento de los asistentes son mujeres.
"La Iglesia Católica afirma que Dios queda fuera de los géneros masculino o femenino, porque no es un ser humano, sino divino. Si en muchas ocasiones se le ha representado como un hombre, se debe a las limitaciones del arte" (http://www.opusdei.es/art.php?p=10391) .
Ellas están fuera de toda norma, fuera de toda representación. Son los pilares sobre los que pivotan el entramado social que el homo sapiens ha desarrollado durante miles de años de existencia.
Pero ¿a qué acuden al templo las mujeres? Al lugar en el que un hombre, vestido con ricos ornamentos, proclama las virtudes de una —otra— mujer convertida en mártir y santa?
Las religiones están llenas de misterios y de ministros, de hombres que intermedian entre lo terrenal y lo celestial, como árbitros de un hipotético partido entre lo imaginado y lo real, entre lo sensible y lo tosco, entre cándidas vírgenes y matronas agobiadas por el peso de la dieta o los ronquidos cerveceros del pariente.
¿Las mujeres rezan en el templo con la misma necesidad que el hombre vocifera en el campo de fútbol insultos al árbitro?
¿Las mujeres baten el abanico contra su pecho al mismo compás que el marido ingiere cubatas domingueros?
¿Las mujeres se acicalan de la misma forma que su canijo luce chándal y carro en el lavadero automático?
Para el hombre el misterio de la eucaristía, el misterio de la resurrección, no son nada comparado con el misterio del mundo de la mujer.
Por eso la mujer acude al templo, a recrearse en el misterio; el hombre ya tiene el suyo en casa.
Y así, entre misterio y misterio, vamos procreando con la esperanza puesta en el cupón, las quinielas y la lotería ('joé' más misterios).

Toda una vida

Félix Bote ha muerto. Su presencia se ha diluido como el aire que escapaba de su trompeta, como la poesía que se deslizaba entre sus labios, acariciando con delicadeza el tiempo.
Mi suegro repite cada vez que los noticieros anuncian el fallecimiento de alguien "Dios nos libre del día de las alabanzas", del día en el que nos arrepentimos de no haber hecho nada porque esa vida que se rompe o que se acaba tuviera unos momentos de nuestra atención, de nuestro reconocimiento o cariño, y que tras dicho anuncio nos apresuramos en recomponer, porque los intereses, las veleidades no tienen sentido ya, no corremos el peligro de que alguien nos componga una canción, nos lance un poema o nos embadurne de color la cara.
Sobre el kiosko de la música del hotel Las lomas, en medio de las noches de verano, su presencia pasaba casi desapercibida, ensimismado, sin importarle otra cosa que la agilidad de sus dedos, la transparencia de su voz y la brisa de la noche. La sordina imponiendo con dulzura las emociones del artista hasta enamorar a las estrellas.
Mientras, fuera, en los jardines de todos los hoteles del mundo, la algarabía de los tragos, la pose de la hipocresía.
Recuerdo una multitudinaria cena de empresa en la que Chendy y Félix amenizaban la velada. Su música sobrevolaba dulcemente canapés, rodajas de morcón, langostinos, jamón, y el etcétera largo que todos imaginamos. Nadie prestaba atención. Pero a medida que la cena progresaba, a medida que los allí presentes dejaban de importarse unos a otros, la trompeta y la voz de Félix se fueron imponiendo desde la delicadeza, desde la verdad silenciosa, desde el eco de la emoción que todos aquellos bocazas habían perdido en medio de negocios, reuniones, bancos y burocracia. Y su música, su arte, se hicieron protagonistas absolutos hasta convertir a todos aquellos 'infieles' a una religión en la que Félix era el mejor de los sacerdotes, todo un cardenal.
Y es que Félix maduró al sol del arte y perteneció a la élite de los pioneros. A esa pandilla de descerebrados que se empeñan en desbrozar la inmunda selva que la monotonía de los días hace crecer permanentemente y en la que inmediatamente, una vez abierto el camino, aparecen los listos, los aprovechados de turno.
Pero a esa pandilla le importa un bledo que otros se enriquezcan a costa de su tozudez, buscarán otras selvas que desbrozar, porque abrir caminos es lo que realmente les importa.
Muchos, los auténticos, vuelven a su tierra, que es selva virgen, en lugar de dedicarse a difundir las maravillas de la misma desde los púlpitos dorados, desde el glamour de los salones de moda.
Vuelven a vivir su arte y a sembrarlo de forma discreta por cada rincón de la geografía extremeña, mezclándose con la autenticidad de la gente.
Vuelven deseosos de dar todo el capital intelectual y emocional que han acumulado por esos mundos, entregárselo a los suyos para abonar la sementera.
Pero los suyos ya están en otra cosa y pasan del punto. Están haciendo méritos para conseguir las medallas, todas las medallas de Extremadura que a diario bruñimos para deslumbrarnos el ombligo con su falso brillo.
Los pioneros sólo alcanzan la gloria de seguir solos, de abrir caminos para otros desde el olvido.
¿Como se puede tocar la trompeta, o cantar, desde y sobre el silencio y aguantar "toda una vida"?

17 sept. 2007

# 010


A veces los hechos insignificantes se hacen grandes en el silencio, en la observación callada, en el día a día.
Si usted no ha pasado por esta puerta desconocerá a qué edificio pertenece. Una puerta es muy poco importante como para reparar en su existencia, salvo que ésta le impida el paso.
Durante años, pasar a la zona de alcaldía en el Ayuntamiento de Mérida, cruzar esta puerta, era imposible sin el previo control y consentimiento del policía que la custodiaba.
Desde la llegada al gobierno de la nueva corporación, está abierta continuamente y el acceso a la alcaldía es totalmente libre.
Son las diferencias de entender lo público y la administración de las libertades, de las diferentes personas que gobiernan una ciudad.
Hay que ser muy zoquete para creerse que el espacio —físico e intelectual— desde el que uno trabaja para los ciudadanos, le pertenece. Ser el administrador del cortijo no te convierte en propietario, estás al servicio del que realmente lo es.
Pero estos son los matices que marcan la convivencia y la idiosincrasia de los pueblos, de la gente que entiende que es mucho más importante el respeto de las libertades, que otras cuestiones que anteponen los intereses privados a los generales.
Al dueño del cortijo se la puedes pegar una, dos y más veces, pero al final descubrirá que el administrador en el que ha confiado le está engañando.
Por eso, esta puerta abierta es un símbolo para todos los que creemos en los valores de la convivencia y el respeto.
Pero además es todo un ejemplo para tanta dependencia oficial desperdigada por el país, por el mundo, a la que no es posible acceder sin el previo proceso de control e identificación, argumentan —al estilo George Walker Bush— cuestiones de seguridad. Miedo 'palcuerpo'

10 sept. 2007

# 016


Perder un ser querido siempre es una desgracia, una tristeza. La pena se instala en nuestro corazón, en nuestros adentros y se queda prendida durante largo tiempo.
Si quien nos deja ha mantenido un pulso con el arte, ha bregado con los entresijos de la creación, nos abandona algo más que el amigo o el hermano, se nos mueren además las emociones de ese territorio compartido desde el que la realidad parece insignificante, porque es el territorio de las emociones universales, de los sentimientos comunes, está más allá de la monótona realidad de lo cotidiano, más lejos y más alto que la vileza diaria de las relaciones, se nos mueren parte de nuestros sueños.
Domingo Vargas sabía mucho de lo que hablo, sabía que la emoción del arte alivia el dolor de la crueldad de unos contra los otros, las fatiguitas del hambre y del desamor. Domingo mamó música, se alimentó de compás, para hacerse grande. Sabía que el arte dignifica y otorga ese título que no se encuentra en ninguna universidad.
También lo sabía Rafael Ortega y ambos supieron hacer del arte, además, su alimento físico, mezclar los sueños con la realidad, un arte en sí mismo.
La vida siempre sabe a poco para todos, pero especialmente para aquellos que luchan día a día por disfrutar y volcar hacia los demás la pasión del arte, la vida se convierte en un sin vivir por encontrar las claves y transmitir la satisfacción de lo encontrado, del sentimiento puro de la creación.
Y en esa carrera, unos antes, otros después, pero todos sin excepción, encontramos de repente la nada, un vacío por el que el artista lucha infatigablemente por dejar lleno.
¡Va por ustedes!

Otra feria y otras ilusiones son posibles

Las ferias como hoy las conocemos son una consecuencia de una forma de entender la vida y los negocios de una sociedad determinada, en un tiempo concreto. Hoy conviven abuelos, hijos y nietos con percepciones tan distintas de los eventos sociales que se desconocen entre sí.
A pesar de ello todos coinciden en lo sustancial, en disfrutar de unos días de desmadre, cada cual según su forma de entender la fiesta. Este punto de encuentro es el que ha permitido que todavía arrastremos modos y costumbres anquilosadas en la inercia, la rutina (como en casi todo) y, fundamentalmente, en la poca imaginación del entramado social que la pone en marcha permanentemente.
La evidencia dicta señales de falta de identidad, de necesidad de cambio en el esquema que heredamos de nuestros abuelos. Porque año tras año los mecanismos que se utilizan para intentar renovarla se dirigen siempre en el mismo sentido (como en casi todo), en la dirección de cerrar espacios y encerrar a la gente en ellos, de acotar y señalar diferencias sociales y de impedir que la libre circulación del capital emocional fluya libremente sin condicionamientos, eso sí, fresquitos, con mucho aire acondicionado.
Algo está fallando. Cuando uno está a gusto con su gente, con el ambiente, cualquier excusa es buena para iniciar la fiesta, porque la predisposición a ella casi nunca falta y el espacio o las condiciones en el que se desarrolla importan muy poco, la diversión se desenvuelve en el espacio mental (como casi todo) y ese milagro sucede a diario, en la selva o en los Campos Elíseos.
Pero en esta sociedad del consumo se está sustituyendo la iniciativa personal por la mercadotecnia y por sus rutinas de temporadas, el 3x2 y la semana fantástica, vacaciones de verano, puente de semana santa y el todo incluido. Así las cosas, cada vez son más los que cambian su capacidad de imaginar por la comodidad de elegir lo que otros han decidido.
Por eso la juventud —que siempre es tiempo de contestación— se revela e inventa el botellón, no podía ser de otra forma en una sociedad en que lo lúdico prima sobre cualquier otro valor. Por eso, porque los jóvenes son doctores en placer —casi no conocen otra cosa—, no pueden conformarse con una feria anclada en el siglo XIX consecuencia de la celebración de los buenos negocios hechos con el trasiego de vacas, equinos, ovejas y cochinos.
Y esa exigencia juvenil merece hacer rejuvenecer a la ciudad en todos los aspectos. Ya que los cambios parecen utopías, practiquemos el ejercicio de ampliar las miras y dejar de contemplarnos ese ombligo instalado en la barriguita cervecera o bajo la bata de guatiné, que los tiempos son eternos y lo único que puede cambiar es nuestro coco y la forma de aproximarnos a ellos.
Ir de sitio en sitio no ha supuesto una mejora de la feria, sencillamente ha dado facilidades a los coches y a la evacuación intestinal, pero el sentido de la feria sigue siendo el mismo y eso es precisamente lo que hay que tratar de actualizar.
Y la actualidad viene marcada por la extraña lucidez de unos ciudadanos que no tienen nada que celebrar en común, nada que no sea esa sensación de saturación y búsqueda compulsiva, permanente y caprichosa del placer por el placer. Una sociedad así sólo puede aspirar a lo que tiene sin plantearse siquiera la existencia de otras formas, de otras excusas para estar juntos y celebrarlo. Por eso es necesario crear un revulsivo que la haga reaccionar a la mediocridad de los días.
La ubicación actual es un lugar excelente y privilegiado para rediseñar un espacio que tenga como protagonistas a los ríos que le rodean: Albarregas y Guadiana —contrariamente al planteamiento actual que les da la espalda—, y desde este concepto construir una auténtica isla urbana de fiesta y ocio ­—comunicada con el mundo por AVE— en torno a una enorme plaza que se extienda más alla de la orilla y ocupe los ríos con escenarios, terrazas flotantes, plataformas multiusos, etc, que en todo el recinto se hicen velas inmensas orientables y toldos que den sombra a cualquier hora del día, un espacio lleno de árboles y zonas verdes, de fuentes, de difusores, de canales y juegos de agua obtenida del río que refresquen de manera natural.
Tenemos ante nosotros un momento histórico para unificar los proyetos que sobre dicho espacio se levantan (caseta de la juventud) o se pretenden levantar (CODAM, estación AVE) de forma aislada, ajenos unos a otros y crear un único proyecto que genere un sorprendente espacio de fiesta, ocio y comunicación único en Extremadura, situado en una zona céntrica y aislado al mismo tiempo del resto de la ciudad.
Crearemos así las condiciones adecuadas para que la gente, todo tipo de gente, encuentre ese espacio común, libre de reductos privados y sin estridencias sonoras, desde el que sentirse a gusto y hacer estallar la chispa que indica el comienzo de la fiesta. Habremos convertido lo que solo era un descampado, una feria de pueblo, un botellón inmundo, en un hito histórico.
Dejemos de mover la feria de acá para allá y movamos la imaginación, ¿nos atrevemos?

27 ago. 2007

La revista de feria y otras excusas

Esta semana estoy monotemático, me ha dado por comerme el tarro con el tema del espacio público. Y es que el oficio de mirar te obliga a ir pendiente de todo lo que te rodea y, evidentemente, dicho espacio ocupa un porcentaje muy elevado en mis observaciones.
Contemplando la revista de feria vuelvo a preguntarme por la lógica de la cosa pública y no me cuadra que el editor, el Ayuntamiento de la capital de Extremadura, de la ciudad con un conjunto monumental Patrimonio de la Humanidad, no tenga la capacidad económica y los recursos suficientes para hacer una publicación financiada con los fondos públicos en lugar de por publicidad.
Pero la repuesta está clara cuando descubres el mecanismo de las cosas. Y esta fórmula de hacer la revista, que inició el anterior Gobierno, está fundamentada en el puro negocio, totalmente lícito, de una editorial que es, según la propia empresa, “desde 1992 la compañía española líder en productos corporativos empresariales en España con unas ventas de 8 M €”, con “70 personas, 30 años de edad media, 15 años de experiencia en el mercado editorial, más de 12.000 clientes por todo el mundo y más de 400 cabeceras editadas anualmente”. Méritos que, contemplados desde el mundo de los negocios, representan un aval importante, pero que, analizados desde la perspectiva de la gestión pública, no tienen el mismo significado.
El Ayuntamiento facilita los contenidos literarios y gráficos, la empresa envía a un comercial que contrata la publicidad y el resto de la producción editorial la ejecutan desde León con sus medios. Como contrapartida, la publicación no le cuesta nada al Ayuntamiento, o sea, a los ciudadanos, pero a cambio nos entregan una edición que en lugar de ser un primor, acorde con los potenciales extraordinariamente ricos de los que dispone la ciudad, es una vulgar publicación repleta de ruido publicitario, que contamina todavía más nuestro ya deteriorado espacio visual.
La contrapartida, por tanto, no compensa, porque sencillamente nos entregan una excusa, un soporte editorial —cuya titularidad ostenta la ciudad de Mérida— convertido en un folleto publicitario del cual salen beneficiados, fundamentalmente: la empresa que lo produce y los anunciantes que lo pagan; contradictoriamente, los lectores, los ciudadanos propietarios de dicha edición, se convierten en materia de intercambio, en cobayas de la experiencia publicitaria, en ratones de laboratorio que se hacen su propio lavado de cerebro comercial.
Pero la revista no es el único caso: piense un poco y descubrirá que la estrategia de utilizar los espacios públicos para el beneficio privado, sin entregar una contrapartida proporcional al uso y al beneficio que se obtiene, es una cuestión muy habitual.
Recuerde la tremenda carpa que, con la excusa cultural de la exposición de turno, 'okupa' periódicamente casi toda la Plaza de España, el mejor y más caro espacio publicitario de la ciudad: ¿A cambio de qué?
Comienza la temporada deportiva y las diversas instalaciones de titularidad municipal se llenan de carteles publicitarios que producen unos ingresos que, mucho me temo, no repercuten en las arcas municipales ni en el mantenimiento de dichos espacios públicos.
¿Es lógico que se mantengan las cabinas de teléfonos plantadas en los sitios más estratégicos en un mundo abarrotado de móviles? ¿No será que lo que realmente resulta rentable es el espacio publicitario que suponen dichos artilugios? ¿Qué recibimos a cambio?
Desde el nacimiento de los carteles impresos, la calle y sus paredes son espacios visuales que hemos asumido como soportes pubicitarios y que desde hace algún tiempo hemos empezado a rechazar por antiestéticos. Sin embargo, la publicidad ha evolucionado y se ha colado por todos los recovecos imaginables de lo cotidiano; uno de ellos, y muy importante, el del uso de los espacios de titularidad pública.
El último invento son las bicicletas de alquiler que una multinacional está implantando en ciudades del mundo con carril bici, con el objeto de convertirlas, y convertir de paso a los usuarios, en anuncios rodantes, que además tienen que pagar por el uso de las mismas, a pesar de que sus estaciones bases 'okupan' una importante superficie pública, de la que no sé todavía en qué forma compensan a la ciudad. Me temo lo peor. En Sevilla, hace ya unos meses que están funcionando: serán 2.500 bicicletas y 250 estaciones base.
Hacer entender que lo público puede ser una fuente de ingresos para unos pocos puede facilitar el crear conciencia de que lo público tiene un valor que es importante cuidar y conservar, que la ciudad nos pertenece a todos. Casi 'na'.

20 ago. 2007

El teatro del Festival de Teatro


El eje central de mi opinión teatral se basa fundamentalmente —no conozco ningún otro festival de teatro del mundo— en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, del que soy fotógrafo desde hace casi 24 años, por lo que puede estar sesgada o deformada respecto al extenso mundo que conforma el arte de la escena.
Podría considerarme un inculto teatral de no entender que la cultura no tiene nada que ver con la ilustración y sí mucho con la emoción. Que la emoción se relaciona directamente con la sensibilidad y que quizás de esto si tenga algunas dosis mínimas como para discernir entre lo bueno y lo mediocre.
Desde estas premisas he de reconocer que después de haber visto de todo en estas veintitrés ediciones, muy pocos espectáculos han conseguido hacerme vibrar. Uno puede entrar en la discusión sobre las tendencias, estilos, aciertos o errores de los diversos programadores que han construido la historia del Festival de Mérida, pero lo que realmente cuenta para el espectador es ese regustillo con el que uno se deleita una vez terminada la función.
Y esto nos lleva a una discusión todavía mucho más inútil e imposible: el gusto y el regusto de "cacual", que ya se sabe, sobre gustos…
Por eso hemos de retroceder a los orígenes, hemos de iniciar el análisis por la discusión del qué. Preguntarnos por el tipo de Festival que deseamos hacer, después de haber adquirido ya el bagaje suficiente, las experiencias necesarias, y reflexionar para tomar una decisión que nos haga caminar, de una vez por todas, por el rigor y la seriedad de una propuesta que al menos tenga un objetivo claro.
Este objetivo será para unos llenar el Teatro en cada función, para otros: apostar por el clasicismo inamovible, adentrarse en la experimentación, mezclar todas las artes escénicas, etc.
Lo que para mí queda claro es que hemos de construir un Festival con personalidad propia, que nos diferencie de manera precisa del resto de festivales del mundo y que se convierta en un referente europeo de la cultura y que sea centro de interés de todas las personas que entiendan el teatro como un fenómeno cultural para el desarrollo de la sensibilidad y la emoción de los pueblos, frente al discurso sustanciado en el consumo cultural puro y duro.
Por ello creo necesario elaborar un proyecto sólido en el que se posibilite:
1. La libertad de programación expresada en que la única preocupación de su director sea la de seleccionar lo mejor sin tener que preocuparse por los resultados económicos. Una libertad que le obligue, en contrapartida, a mantenerse en un viaje permanente por el mundo buscando, provocando o inventando una realidad teatral para descubrirla a la sensibilidad universal desde Mérida, desde Extremadura.
2. Abandonar la permanente obsesión por cubrir gastos y aceptar, como en muchos otros casos de la administración regional, que las pérdidas son sustanciales al proyecto, que el valor del objetivo perseguido es muy superior al gasto ocasionado y que, en cualquier caso, es una inversión al largo plazo de la cultura y a la promoción de Extremadura a través de ella.
3. Programar con la perspectiva temporal suficiente —dos, cuatro años— para poder afrontar proyectos y producciones que son inviables en el plazo corto, plazo que posibilita a la vez el margen necesario para las negociaciones económicas con las productoras, que hechas con improvisación y premura elevan los presupuestos a cantidades desorbitadas en muchos casos.
4. Enriquecer y desarrollar una estructura, organizativa y ejecutiva, estable que sea la encargada de mantener en marcha —al margen de las fluctuacinoes lógicas en la dirección de programación— la maquinaria necesaria para el funcionamiento del Festival y que la única preocupación del director de programación sea esa, la de programar.
5. Dotar al Festival de un cuerpo físico, de un edificio propio, exclusivo, funcional y moderno (actualmente tenemos una gran oportunidad para ubicarlo en la zona del llamado Museo Abierto o en la del Hernán Cortés muy próxima al Teatro Romano) y dotarlo además de un Centro de Interpretación y Documentación, desde el que mostrar durante todo el año a los visitantes cómo es y cómo funciona el Festival de Teatro que se desarrolla en un enclave Patrimonio de la Humanidad.
En definitiva se trata de apostar fuerte por un Festival capaz de arrancarse su propia máscara y de recuperar para la escena lo que otras instancias, lo que otros intereses 'okupan' con frecuencia.

6 ago. 2007

# 009


Yo me decepciono, tu te decepcionas, él se decepciona, nosotros nos decepcionamos, vosotros os decepcionáis, ellos se decepcionan.
Tiempos del verbo, ni pasado ni presente, ni futuro ni pretérito pluscuamperfecto: son tiempos eternos. Una constante matemática fraccionada que suma y suma para dar forma a un ser polimorfo (propiedad de los elementos y sus compuestos, que pueden cambiar de forma sin variar su naturaleza) que denominamos adulto.
¿Es el adulto un animal decepcionado, o es el animal un adulto decepcionado?
Decepciones amorosas, decepciones profesionales, decepciones amistosas, decepciones caprichosas, decepciones quejumbrosas, decepciones empalagosas.
Por eso me miro los pies —otros se miran el ombligo— para rebajar este estado emocional en el que ser adulto ya no significa nada, que por mucho empeño puesto una sola decepción arruina todo esfuerzo, apaga el eco de la nana tierna y el fuego que sigue aquí abajo y que se empeñan en apagar.
091, 092, 112, ¿dónde el número para socorrer decepciones?
Ser adulto es un fingimiento gratuito, inútil, ridículo, porque tanto tu como yo sabemos de qué pie cojeamos tan sólo con mirarnos a la cara. Quizás lo único cierto, el espejo del alma.
Que este oficio de mirar sin decir palabras te cualifica sobradamente, cuando la licenciatura ha venido por obra y gracia de la BBC agropecuaria.

23 jul. 2007

# 008


Cuando asomo las narices al mundo desde esta atalaya apacible y tranquila que es Extremadura, el mundo me devuelve fragancias insospechadas.
Enfrascados en una de las tantas discusiones sobre aspectos cotidianos que mi padre y sus colegas entablaban sobre lo divino y lo humano, le escuché una vez cierta respuesta en forma de pregunta a propósito de esa necesidad vital de viajar incansablemente que los jubilados han descubierto recientemente: ¿qué diferencia hay entre un volcán y un rastrojo ardiendo?
Y es que conozco a mucha gente que ha recorrido medio mundo y, sin embargo, da la sensación de que no ha salido jamás de su pueblo. Y conozco a otras, que sin haber pisado suelo ajeno, poseen un universo personal cargado de valores y experiencias capaces de sonrojar a cualquier expedición con exótico destino.
Hasta hace no mucho tiempo —¿qué son treinta años?—, hacer el servicio militar suponía una experiencia en la que para gran parte de los reclutas era su primera salida del pueblo, del hogar familiar, del plato de la madre y de las sábanas de su cuarto.
Ello conllevaba experiencias enriquecedoras o traumáticas, pero siempre experiencias vitales importantes.
Hoy nuestros retoños van de una parte del mundo a otra en el plis plas que le permite la visa de papá y el mundo se les está quedando pequeño, la plaza mayor del planeta está llena de personal ensimismado que se pregunta por la existencia de un "jardín de mitos" que posiblemente han quedado atrás y al que resulta muy difícil volver, el telar infatigable de fabricar dependientes —por decirlo suavemente— les ha atrapado de manera inexorable, el personaje —que explicaba José Monleón el viernes en el Museo— ha absorvido a la persona y está inexorablemente abocado a seguir el papel impuesto.
En este punto es cuando comprendo la pregunta de mi padre; ya puedes recorrer el mundo, contemplar mil volcanes que si tu mirada y tu conocimiento, no están preparados para ello, te causarán el mismo efecto que el rastrojo que se quema a las puertas de tu casa que, por el contrario, enriquece, y deslumbra a ese vecino silencioso y discreto que contempla boquiabierto el hilillo de fuego de los surcos del rastrojo ardiendo.

9 jul. 2007

Centro Cultural Abierto

Cuando en el año 2001 la Asociación de Comerciantes de Mérida me encargó la elaboración de su página web, trabajé sobre la idea de presentar al comercio de la ciudad como un gran centro comercial con el atractivo del que muy pocos centros similares del mundo pueden disfrutar: el Conjunto Monumental declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, que se desparrama entre las calles y comercios del centro histórico de Mérida.
Mi pretensión no pasaba de crear dicho concepto en el mundo virtual, pero la Asociación de Comerciantes comprobó que dicha idea estaba funcionando en el mundo real y que podía aplicarse en Mérida. Su empeño llegó a las instituciones y ya comienza a ser realidad en diversas poblaciones de Extremadura.
Hoy quiero plantear la extensión de dicho concepto al mundo de la cultura porque creo que puede ser una alternativa real para la promoción de la actividad cultural y para la cohesión de las experiencias que día a día brotan y desaparecen por no encontrar una red en la que integrarse y fortalecerse.
El fomento de la actividad cultural debe traspasar el ámbito institucional y adentrarse en la experiencia cotidiana, en el mercado cultural, con la misma naturalidad que lo hacen las iniciativas en otros campos de la actividad económica.
Las instituciones tienen que darse cuenta de que igual que apoyan la creación de riqueza sin intervenir directamente en las actividades que la generan, a la cultura han de tratarla con la misma perspectiva.
Si es necesario intervenir en determinadas parcelas en las que la iniciativa privada no puede hacerlo, bien por su dimensión, bien por sus peculiaridades, estas intervenciones deben sostenerse como modelos de comportamiento —no como competencia— que refuercen el entorno cultural y que sirvan como referentes y reclamos para que las iniciativas surgidas a su amparo consoliden esfuerzos y generen sinergias que redunden en una sociedad más fuerte culturalmente y, como tal, más feliz, porque la experiencia de sobrevivir desde lo cultural genera más satisfacciones que la mera supervivencia; la experiencia del conocimiento, de la emoción, sumada a la generación de riqueza, engendra pueblos con una madurez inequívoca, la mera generación de riqueza da como resultado sociedades de nuevos ricos, repletas de trastos, pero vacías de contenidos.
¿Qué es o qué puede ser el Centro Cultural Abierto? Ni más ni menos que el empeño por organizarse de todos los que viven la cultura y quieren sobrevivir de o junto a ella. Llámese movimiento ciudadano, asociación, fundación, club, etc. Cualquier denominación puede ser válida y todos los esfuerzos serán pocos para conseguir formalizarlo.
¿Quiénes pueden formar parte de este movimiento? Son muchas más de las que podemos imaginar en principio las personas que tienen relación con la cultura, porque lo cultural se extiende y se ramifica por todo el entramado social.
¿Dónde? Sirva como punto de partida, como lugar de encuentro, este sitio web: www.culturafutura.es
“...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”. (UNESCO, 1982: Declaración de México)"

# 008


Se llama Emma y lo supe por casualidad, pero no era necesario. No necesitaba ningún dato para comprender a esta mujer que sobre el escenario, con su violín, con su grupo Beltayne, en el Jazz Bar, transmite sin apenas esfuerzo, con la mayor naturalidad, todo lo que almacena en sus adentros, que debe ser mucho y muy interesante. Que el violín sea el instrumento podría ser una anecdota; su riqueza estaba presidida por una madurez impregnada de arte.
Viéndola y escuchándola me preguntaba las causas por las que la sociedad actual está presidida por tanto énfasis juvenil empalagoso.
Los designios económicos mundiales, la tan repetida globalización, carece de perspectiva temporal; pasado, presente y futuro son la misma cosa, son ellos y sus intereses económicos, y es evidente que desterrar de la faz del globo el conocimiento, la sabiduría y la resistencia de la experiencia, son sus principales objetivos.
Cuando los intereses eran las conquistas ideológicas -la política‑, promovían la rebelión en las aulas, ahora que capitales y mercancías transitan de norte a sur, de oriente a ocidente, quieren jóvenes atolondrados, enfermos de bienestar, adultos empeñados hasta los ojos y ancianos enfermos de soledad, consumidores anónimos en definitiva que se alimentan de su propia ignorancia.
Enma abandonó su tierra, Inglaterra, para venir a vivir a una aldea de Cáceres a recuperar, posiblemente, una paz hipotecada en vivencias que conducen a nada.
Enma ha venido a dejar entre nosotros todo lo mejor de su experiencia, todo lo que la madurez acumula y que interesa tan poco a las grandes corporaciones, a los nuevos gobiernos.
Gracias, Emma.

25 jun. 2007

# 006


Yo quiero que pongan un centro de interpretación en mi vida, porque hay cosas que no entiendo.
Desde hace ya algún tiempo, hemos sucumbido a la moda de los centros de interpretación; centros de apariencia sofisticada que cuestan un riñón y que complican la vida al visitante ocasional al que ponen en el compromiso de realizar un esfuerzo cultural añadido, que probablemente no desea, o a salir del mismo con un sentimiento feroz de culpa por no haber incorporado a su bagaje tanta y tan rica información que mamá administración ha puesto a su disposición gracias a sus aportaciones tributarias.
Y siendo prácticos, si sumamos a la construcción y equipamiento los gastos fijos de personal y mantenimiento que cada año generan dichos centros, yo me pregunto: ¿Cuántos y bellos libros, con su DVD interastivo incluido, con su página güe correspondiente, con su peaso documental, podrían editarse, podrían difundirse, por un coste infinítamente menor?
La foto corresponde al Centro de Interpretación del Agua de Proserpina, y sería interesante conocer cuánto cuesta anualmente mantenerlo abierto y el número total de visitas que recibe.

18 jun. 2007

# 005



Veo veo… ¿Qué ves?… Una cosita…
Ese soniquete juguetón de los años infantiles, se me clava en el coco de vez en cuando y no consigo arrancármelo de ninguna forma hasta encontrar respuesta para el acertijo.
Hoy la rebuscaba entre mis sentimientos mientras fotografiaba —a diestro y siniestro, arriba y abajo, empapado en sudor y en silencios— las emociones de los otros.
Y he tardado en encontrar la respuesta, quizás porque me resistía a dármela o al miedo de encontrarla a sabiendas.
Soledad es la respuesta. La soledad de este oficio de mirar escondido tras el visor de la cámara, siempre huyendo, manteniendo la distancia exacta, la corrección precisa, entre la soledad de los otros y mi respuesta.
Veo veo… ¿Qué ves?…

11 jun. 2007

La empresa cultural

Según la enciclopedia Wikipedia, la cultura “es el conjunto de todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada. Como tal, incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestirse, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista, podríamos decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano”.
¿Qué entiende el sistema por industria cultural? Sustancialmente al conjunto de procesos de creación, difusión y distribución de contenidos culturales encaminados al entretenimiento, al consumo y a la ocupación del tiempo libre; sólo se plantea lucrarse con la materia prima emocional de los ciudadanos, vistos éstos como meros consumidores. Desafortunadamente, esta forma de ver y emplear lo cultural es el uso que habitualmente se hace desde todos los ámbitos sociales, debido la pérdida generalizada de perspectiva y a los intereses de las instituciones y las corporaciones empresariales.
Sin embargo, entre la gente, persiste la idea generalizada de que todo lo cultural pertenece a un estadio alejado de la especulación comercial, de los negocios, algo en estado puro. Pero la pintura, la fotografía, la música, la danza, la poesía, el teatro y demás manifestaciones artísticas, son creadas por personas con las mismas necesidades que las demás: tienen que comer, necesitan una vivienda.
Toda la caterva de creadores se las ve y se las desea no sólo para crear, que es su oficio, sino para sobrevivir, que es la necesidad de todos. En este panorama subyace una industria cultural ‘sumergida’ de la que salen beneficiados avispados empresarios, políticos desinformados y pseudoartistas que campean a sus anchas entre despachos, caterings y subvenciones.
La cultura es una fuente de riqueza a la que no se le presta la atención requerida, es un sector que está desestructurado y ‘funcionarizado’, que necesita organizarse, no sólo por motivos económicos, sino porque es la base fundamental —huérfanos como estamos— de un futuro emocionalmente rico.
Cuanto más sólida y extensa sea la cadena de producción cultural, mayor riqueza económica y emocional estaremos creando y, por tanto, mayor cultura que, unida al sector de la comunicación y las nuevas tecnologías, constituirán importantes referencias culturales y económicas de la Extremadura que viene.
La gestión política en la región ha generado unas expectativas e infraestructuras que es necesario aprovechar desde otras prespectivas que no sean exclusivamente las de la mirada política. La sociedad civil tiene que tomar la palabra y las decisiones que le permitan mantener el rumbo y la iniciativa en la industria cultural.
El futuro de Mérida pasa necesariamente por el desarrollo de una industria cultural moderna, creativa e independiente, paralela al despliegue de estrategias innovadoras del desarrollo económico de la ciudad.
Es necesario apostar por el compromiso, por la calidad sobre la banalización, por el pensamiento crítico, sin renunciar al buen entretenimiento, porque todo ello nos hará profundizar en el desarrollo personal, social y económico, en el comportamiento democrático y en el disfrute.
Hay que impulsar inicativas empresariales que promuevan una cambio sociocultural mediante la creación de riqueza desde el ámbito de la cultura, desde la industria cultural. La nueva corporación socialista de Mérida debería convertirse en un agente activo y catalizador entre la sociedad civil, los profesionales y las empresas, así como en mediador eficaz con el resto de las administraciones en temas relacionados con dicha industria.
Entre todos hemos de crear y potenciar las condiciones necesarias para que aflore en Mérida un tejido cultural que atraiga a creadores y a consumidores. Nuestro futuro económico está íntimamente ligado al desarrollo cultural y a la industria derivada del mismo.
Desde el nuevo gobierno urge la creación de un centro de las artes y la escena que refleje una filosofía diferente de potenciar la cultura, un centro marcado por la calidad, la modernidad y la coherencia que sirva para catalizar las diferentes sinergias que se produzcan como consecuencia de su existencia. Rehabilitar el María Luisa desde esta perspectiva, convertir el Centro Cultural Alcazaba en un gran centro de documentación, conservación, promoción y dinamización del libro y la lectura e integrar la Sala Trajano en este circuito sentaría las bases para que Mérida empiece a respirar cultura por los cuatro costados y para la reactivación de la deseada industria cultural. ¿Se atreven?

21 may. 2007

# 004


Mi vecino Hermenegildo trabajó toda su vida —al menos la vida que yo recuerdo— en el Matadero. Con una Lambretta recorría los cinco o seis kilómetros que nos separaban de Mérida —vivíamos en Calamonte—. Pero tenía compañeros que corrían peor suerte, hacían la misma distancia a golpe de pedal, en bicicleta pelada, que no quiero ni imaginar cómo sería la subida de la cuesta hacia Cepansa después de una agotadora jornada de trabajo.
"Eran otros tiempos". Sí, eran otras formas, porque la realidad es que sigue viniendo mucha gente a diario a trabajar a Mérida, pero ahora muy pocos llevan monos blancos o botas de goma; ahora la mayoría viene elegantemente vestido y perfumado, en flamantes automóviles.
En aquellos años —los 60— se percibía una cierta reticencia de los trabajadores del campo hacia los que se empleaban en la industria, se entendía que uno era menos hombre cuando el trabajo de los hombres, el que realmente te curtía en dicho género, era el del campo. La hombría estaba en juego y no perdían ocasión para demostrarse unos a otros quién la tenía más grande. A punto de derribar lo que queda del antiguo edificio de el Matadero estoy convencido de que los pocos trabajadores que aún tiene dicha empresa sentirán una similar reticencia cuando tengan que —a diferencia de los de lajunta—, desvestirse, volver al mono cada mañana. Pero ya nadie intentará demostrar nada.
En esos duros años sesenta lo normal era inculcar a los hijos la huida hacia un teórico "mundo mejor" a través de los estudios. Ahora me pregunto qué sentimientos de superación inculcarán a sus hijos los que consiguieron entrar en lajunta y sienten la satisfación del triunfador que ha conseguido escapar del campo, de los monos blancos, la paleta o el tractor.
Si ellos triunfaron consiguiendo acceder a la empresa más importante de Extremadura, ¿tendrán que motivar a sus hijos para huir de Extremadura para poder superar su propio estatus?
Lamentablemente en Bruselas no hay planes para incentivar la sensibilidad, la lógica de las cosas. La cultura de los valores pasa por sus peores momentos; hoy sólo ponemos en juego el tamaño del coche, la piscina del charlé o la generación de la consola.
Malos tiempos para la lírica, curiosamente.

14 may. 2007

# 003


Soy de una generación de transiciones, tuve tiempo de vivir algunas peculiaridades de la vida ligada al campo y puedo interpretar las emociones que los personajes de la fotografía estaban sintiendo en esos momentos.
Puedo además —por mi condición de fotógrafo— interpretar la emoción que el autor sintió al captar la instantánea y, mientras esto escribo, mientras doy forma electrónica al texto, estoy entrando de lleno en la emoción del ciudadano digital de principios del siglo XXI. También puedo, por tanto, entender la emoción del espectador situado al otro lado de la pantalla.
Todas estas referencias me permiten hablar del tiempo como una emoción más que como una medida. La emoción no tiene dimensión y es muy difícil de trasmitir; o se comparte o se pierde en el sueño del porvenir.
Rebuscando en el archivo de mis emociones recuerdo aquella profundidad de la Extremadura desperdigada por el campo, del gazpacho y del huevo frito cenado en cualquier patio de algún cortijo o en la puerta de cualquier chozo, a la intemperie, bajo un cielo inmenso, saturado de estrellas y de cuentos ingenuos sobre la Vía Láctea que los abuelos relataban mientras el cuello nos dolía de tanto ahondar en la espesura negra de la noche.
Aquellos momentos tenían el encanto que sólo la imaginación de los ocho o diez años podían imprimir.
Hoy, mis hijas sueñan mientras se beben el mundo en imágenes suminstradas por satélites que danzan en el silencio de la noche espacial.
Los términios se han invertido: hoy son las parabólicas las que vigilan el cielo de día y de noche para atrapar y contar los sueños que los abuelos ya no saben o no se atreven a contar.
Por eso la Extremadura de la foto, la Extremadura de principios del siglo XX, tiene un encanto similar a la de ahora, la de principios del siglo XXI; cien años después, seguimos viviendo la emoción de los cuentos, de las historias que las personas o los pueblos son capaces de generar.
Hemos adecentado nuestra comodidad para buscarle sitio al televisor y hemos dejado escapar los sueños ahora que el tomate no es sólo alimento, ahora que lo que se lleva es vivir del cuento.
Nuestra ternura no tiene remedio.

7 may. 2007

Privatizaciones, ¿a quién benefician?

Los vecinos de la Avenida José Fernández López y los de El Barrio son testigos y afectados de la sin razón que a veces se produce al aplicar decisiones, normas, leyes u otras medidas que supuestamente se elaboran para el beneficio de los ciudadanos.
Y de la cortedad de miras, de la generosa transigencia o incluso de la atrevida inocencia —según se mire—, surge en estos días una reivindicación de dichos vecinos solicitando del consistorio la supresión de la prohibición de aparcar en la mencionada avenida, sin pararse a pensar en causas, razones o intereses de su justificada petición.
El caso del aparcamiento subterráneo construido en Fernández López es sintomático de una forma de hacer ciudad de espaldas a la misma, de espaldas a los intereses de los vecinos.
El aparcamiento actual era un terraplén en el que aparcaban cientos de coches de funcionarios que trabajan en el edificio de Morerías y alrededores.
La regulación del improvisado aparcamiento se produjo de forma natural, cuando un padre de familia necesitado supo ver el negocio antes que nadie y se autoconstituyó en eficaz regulador del mismo, todo un profesional que en los últimos tiempos recibía apoyo de la familia porque el trabajo le desbordaba.
La avenida Fernández López tenía anchura para dos carriles en cada dirección y se podía aparcar libremente en ella. Todo el mundo salía beneficiado del estado de las cosas.
Otro padre de familia, que observaba desde su casa de la avenida el movimiento de coches y cómo aquella familia se buscaba la vida, no podía permitir que un cualquiera le estuviera haciendo la competencia a sus legítimos sueños empresariales.
Dicho y hecho. Puso en marcha su artillería empresarial y, a pesar de no conseguir la gasolinera, consiguió la concesión de un aparcamiento al que hizo salidas orientadas en sentido opuesto a la circulación, con la superficie inutilizada por tanto hueco, rampas y escaleras… en fin, los aspectos constructivos y de diseño ocuparían otro largo artículo.
No sabemos qué habrá sido de la familia que regentaba el negocio primitivo, pero lo que todos sabemos es cómo han evolucionado las relaciones del equipo de gobierno del Ayuntamiento con el concesionario del aparcamiento.
Las consecuencias de la privatización del espacio público (es así en la práctica, aunque legalmente sea una concesión de 70 años, que son muchos años) han sido:
1. Prohibición de aparcar en toda la avenida. Se estaban reclamando plazas de aparcamiento y de un plumazo se eliminan las de la avenida que, sumadas a las que existían en el antiguo solar, alcanzaban una cantidad muy importante de plazas que a los usuarios no les costaban un duro.
2. La mayoría de los cientos de coches que aparcaban en la avenida y en el descampao buscan ahora desesperadamente cada mañana un hueco en el que hacerlo entre las calles de El Barrio y aledaños, porque la mayoría no quiere pagar por estacionar.
2. A los vecinos de la zona, que prácticamente aparcaban en su puerta, les ha complicado la vida esta ocupación de las calles por los coches de funcionarios y muchos de ellos se han visto obligados a utilizar el aparcamiento de pago.
3. Por supuesto, a la familia que regulaba el aparcamiento improvisado no se le ha dado la oportunidad de seguir trabajando en el negocio que ellos iniciaron.
Resumiendo: ahora todo parece más organizado, más urbanizado y bonito que en su estado original, pero lo más evidente es que el señor empresario ha ocupado de forma lícita y legal territorio, costumbres y derechos que los usuarios, vecinos y demás beneficiarios tenían o habían conseguido y disfrutado de forma natural y sin perjuicios para nadie.
Para colmo, y posiblemente como consecuenca de la creación de nuevos aparcamientos privados, para zanjar definitivamente el tema, este gobierno municipal ha ensanchado la acera a medidas desproporcionadas para que nunca más pueda aparcarse en la avenida y para tener la excusa perfecta para cabrear a los cientos de funcionarios que viajan en autobus —en lugar de potenciar la hospitalidad hacia ellos— y hacer de esta ciudad una referencia antipática.
¿Ha sido necesario hacer un recorrido tan complejo, a un precio social tan caro, para cambiar un espontáneo adjudicatario por otro, la familia sin recursos por la actual, y privar a los ciudadanos de un espacio privilegiado a la orilla del río a cambio de una explanada desolada de hormigón coloreado?

23 abr. 2007

# 002


Hace no muchos años ser analfabeto era no saber leer ni escribir, porque leer y escribir eran las técnicas usuales para formarse y para influir en el otro a través de los canales convencionales de comunicación. Pero el sistema siempre busca las herramientas adecuadas para frabicar analfabetos —a quienes manipular— a través de mecanismos cada vez más sofisticados. Hoy es analfabeto todo aquel que no puede interpretar las estrategias que son utilizadas contra él, camufladas de ocio o consumo principalmente. Hoy nos vende la burra cualquiera, hasta el perrito del tenderete del cultural mercadillo medieval, porque, aunque sepamos leer y escribir, cada día somos más analfabetos.
Ceferino López

16 abr. 2007

Tierra de nadie

Desde que tengo uso de razón mis sentimientos hacia Extremadura han sido los mismos. Haber viajado, vivido y sobrevivido en otros lugares de España y del mundo te hace llegar a una conclusión fácil: en todas partes cuecen habas. Haber nacido y crecido en Extremadura no imprime carácter de nada, uno es ante todo.

Así que opté por el abrazo maternal, por la sencillez, casi primaria, que Extremadura me había aportado siempre. Y lo hice de forma consciente, con la claridad que siempre he tenido al tomar decisiones trascendentales en mi vida.

Por eso intuía el camino y muy poco de lo imprevisto ha sucedido, que suceder suceder ¿qué sucede? Aparecer o desaparecer, el resto es camino hacia ninguna parte. Y en ningún sitio de los sobrevividos he tenido la sensación que me da Extremadura, siempre con el horizonte tozudamente presente, unas veces de encinas, otras de viñedos, olivos, forraje o rastrojo.

Y son los horizontes los que te hacen arrugar el entrecejo y mirar como de reojo, temeroso de que encuentres una posibilidad para atravesarlos, y resulta que ese día tienes una pereza tremenda, a sabiendas de que si no es ahora mañana será nunca.

Tarde siempre, porque los otros miran hacía el horizonte del yo ansioso y están especializados en arrebatar emociones que no saben procurarse. Torpes y fieles, listos y sabijondos, ciegos de mirarse en el espejo de lo de fuera, porque no les pone la herencia de la pana y la vertedera. Que siempre añoraron los salones iluminados por delicados emparedados de lentejuelas.

Por eso me volví, apagué las estrellas y con la maleta de las esperanzas vacía, aterricé a las orillas del Guadiana. Busqué mujer y hembra a la que fertilizar y me senté a contemplar la colección de los horizontes cercanos.

Escogí el de ser yo mismo y adiviné un futuro cargado de abandonos inmaculados, perversas resonancias y lujosos olvidos.

Y viví con la mirada puesta en la besana, contemplando amaneceres y desapariciones ajenas.

Sembrando surco a surco y recolectando para apagar el hambre innecesaria, el capricho de la borrachera del mimetismo, del ser ajeno.

Me sobraron marcas para reconocerme y cigüeñas para sobrevolar dehesas preñadas de riqueza privada, chaleres con depuradas aguas, charcas en las que jugaba de pequeño que se volvieron inaccesibles, peces que huyeron mar adentro buscando el Guadiana.

Todo los horizontes se llenaron de logotipos, cada uno con su marca, cada uno con su güe, ca güe con su discurso y "todos y todas" boquiabiertos tras el parabrisas del toterreno, gozando como nunca del ser lo que tienes, volviendo la espalda a las razones que alimentaron siglos a la nobleza innobilaria, la que no entendía de palacios, de corte ni de concubinas, la del jornal al despuntar el alba, la del medio en la taberna y la ropa limpia y recién planchada del día de fiesta.

Extremadura está extrañada, porque en sus entrañas se disputan los sillones las bellotas y las castañas. ¡Qué extraña hazaña seguir viviendo como si nada! ¡Qué patraña, qué disloque! Espabila que vienen las oposiciones a la junta que te junta y a vivir que son dos días.

Y aquí me quedé, sentado en la puerta, saludando al vecino, gruñendo pa mis adentros, que andamos todos bastante jodidos a la espera del próximo crédito, que al fin y a la postre uno vive de lo que añora y no de lo que tiene.






# 001


A lo largo de la historía de la humanidad las distintas formas de poder utilizan los símbolos más adecuados, según ideologías y peculiaridades de la época, para recordarle a los ciudadanos quién y cómo lo ostenta. En las sociedades capitalistas actuales estos símbolos se manifiestan de forma sutil y difusa, entre el gesto diario del consumo material y el propagandístico.