25 jun. 2007

# 006


Yo quiero que pongan un centro de interpretación en mi vida, porque hay cosas que no entiendo.
Desde hace ya algún tiempo, hemos sucumbido a la moda de los centros de interpretación; centros de apariencia sofisticada que cuestan un riñón y que complican la vida al visitante ocasional al que ponen en el compromiso de realizar un esfuerzo cultural añadido, que probablemente no desea, o a salir del mismo con un sentimiento feroz de culpa por no haber incorporado a su bagaje tanta y tan rica información que mamá administración ha puesto a su disposición gracias a sus aportaciones tributarias.
Y siendo prácticos, si sumamos a la construcción y equipamiento los gastos fijos de personal y mantenimiento que cada año generan dichos centros, yo me pregunto: ¿Cuántos y bellos libros, con su DVD interastivo incluido, con su página güe correspondiente, con su peaso documental, podrían editarse, podrían difundirse, por un coste infinítamente menor?
La foto corresponde al Centro de Interpretación del Agua de Proserpina, y sería interesante conocer cuánto cuesta anualmente mantenerlo abierto y el número total de visitas que recibe.