6 ago. 2007

# 009


Yo me decepciono, tu te decepcionas, él se decepciona, nosotros nos decepcionamos, vosotros os decepcionáis, ellos se decepcionan.
Tiempos del verbo, ni pasado ni presente, ni futuro ni pretérito pluscuamperfecto: son tiempos eternos. Una constante matemática fraccionada que suma y suma para dar forma a un ser polimorfo (propiedad de los elementos y sus compuestos, que pueden cambiar de forma sin variar su naturaleza) que denominamos adulto.
¿Es el adulto un animal decepcionado, o es el animal un adulto decepcionado?
Decepciones amorosas, decepciones profesionales, decepciones amistosas, decepciones caprichosas, decepciones quejumbrosas, decepciones empalagosas.
Por eso me miro los pies —otros se miran el ombligo— para rebajar este estado emocional en el que ser adulto ya no significa nada, que por mucho empeño puesto una sola decepción arruina todo esfuerzo, apaga el eco de la nana tierna y el fuego que sigue aquí abajo y que se empeñan en apagar.
091, 092, 112, ¿dónde el número para socorrer decepciones?
Ser adulto es un fingimiento gratuito, inútil, ridículo, porque tanto tu como yo sabemos de qué pie cojeamos tan sólo con mirarnos a la cara. Quizás lo único cierto, el espejo del alma.
Que este oficio de mirar sin decir palabras te cualifica sobradamente, cuando la licenciatura ha venido por obra y gracia de la BBC agropecuaria.